Ir al contenido principal

Urge el sentido de urgencia

Urgencia no es prisa. En ocasiones es más fácil empezar apuntando lo que un término no significa antes de definir lo que sí significa. En este caso hablemos del sentido de urgencia, una competencia muy importante y relevante en nuestras organizaciones para alcanzar el éxito, pero que en ocasiones puede ser una manera poco ruda de exigir un ritmo de trabajo desmedido.

El sentido de urgencia se define como la capacidad de generar más y mejor en el menor tiempo posible: alta velocidad y calidad o hacer lo correcto en el momento correcto. Lo complejo es definir lo que es urgente, y sobre todo discriminar lo qué es urgente e importante de lo que no.

Por tanto, el sentido de urgencia no es hacer todo, en todo momento y de forma apresurada. Tampoco es generar estrés en las personas con metas imposibles en plazos irreales. Mucho menos es hacer siempre lo mismo, pero cada vez más rápido. Todo esto más bien sería una muy buena receta para que nuestros colaboradores sufran de burnout.

Entonces, ¿qué sí es sentido de urgencia? John Kotter, profesor emérito de liderazgo en la Universidad de Harvard, lo define como “un impulso por hacer las cosas bien, en el acto”. Aquellas empresas que no consiguen generar en sus colaboradores un verdadero sentido de urgencia en actividades importantes terminan volviéndose irrelevantes.

Solemos confundir el sentido de urgencia en estar siempre enfocados en cosas urgentes. Lo complejo está en definir lo que es urgente, y sobre todo discriminar qué es importante y urgente. ¿Cómo diferenciar entre lo verdaderamente urgente y lo falsamente urgente? Lo urgente es aquello que necesita ser realizado o solucionado con rapidez; mientras que lo importante es aquello que, aunque es a largo plazo, repercute en la consecución de objetivos. Kotter apunta que lo verdaderamente urgente debe centrarse en asuntos críticos y en una determinación a ganar, no en agendas atestadas y en miedo a perder.

¿Cómo desarrollar el sentido de urgencia en nuestros equipos? Para desarrollarlo hace falta pensar, comunicar, y liderar de manera efectiva. Veamos algunos elementos que nos pueden ayudar:

  1. Definir objetivos estratégicos. Al definir de manera efectiva los objetivos del equipo u organización podemos tener un alto enfoque en prioridades, evitar el querer hacer todo al mismo tiempo, y dejar de perder el tiempo en actividades secundarias.
  2. Cumplir las promesas. La principal característica de los equipos de alto desempeño, de acuerdo a Patrick Lencioni (Las 5 disfunciones de un equipo), es la confianza entre sus integrantes. Uno de los elementos para construir la confianza es el cumplimiento de acuerdos: lo prometido se debe cumplir.
  3. Autonomía. Fomentar en las personas la libertad de gestión de sus actividades y de toma de decisiones en sus tareas les ayuda a estar enfocados, fomenta el espíritu de colaboración, y desarrolla competencias laborales y niveles de seguridad personal.
  4. Comunicar. La información debe democratizarse, las personas deben conocer y tener claridad de los objetivos, estrategia y resultados de la organización, y entender cómo su trabajo impacta en la empresa.
Finalmente, los beneficios que logran nuestros colaboradores al desarrollar un verdadero sentido de urgencia son: establecer una correcta gestión del tiempo, cumplir estándares de productividad, tratar de prever lo que sucederá a futuro, identificar nuevas oportunidades de negocio, y sobre todo, alcanzar los objetivos estratégicos del negocio, y por ende, el éxito.

Epílogo. Las prisas es una reacción emocional puramente instintiva que suele alimentar el ego; el sentido de urgencia es una acción planeada y ejecutada con conciencia, tiempo y calidad que refleja una alta madurez profesional. Si todo es urgente, nada es urgente.

Publicado en la revista PLAYERS of Life Monterrey (Edición Septiembre, 2022) en: (Pag. 129) https://bit.ly/32Sh8BS

Comentarios

Entradas populares de este blog

Calavera a Rogelio (2018)

Tres vueltas se dio la muerte, a las nuevas oficinas Buscaba a Rogelio Segovia, para llevarlo a las ruinas Pero nunca lo encontraba, pues no buscó en la cocina A hornear pan se dedicaba, y no sospechó la catrina. Cuan por fin lo encontró,  la flaca alegre bailaba Rogelio siempre pensó, que a la calaca se le escapaba Pero esta vez le falló, o ¿no hizo bien la tirada? Su agenda la revisó, no está citada la condenada. Vengo a llevarte a la tumba, la huesuda le contaba Rogelio recurrió al viejo truco, se le ocurrió de volada Corramos el maratón, que será en Ensenada Si me ganas voy contigo, y ¡¡que gana la fregada!!. En su tumba nadie llora, ni su equipo de gerentes Puede ser que nadie sepa, que el tipo era  buena gente Aun que a veces se portaba, solo un poquito renuente Sobre todo en las juntas, donde El era el ponente. __________________ Epílogo.-   ¿Qué es una calavera? Las calaveras literarias son palabras populares en forma de rimas escritas de man

Observo, luego existo.

“Abre tus ojos y tu corazón a todas las inquietudes humanas, ninguna es ajena al coaching” Julio Olalla. He iniciado un viaje; no un viaje cualquiera. Este viaje no requiere de maletas, reservaciones o pasajes de avión; es más, ni siquiera es necesario tomar el carro para llegar a algún lado. Y sin embargo este viaje es más complejo, escarpado, con pronunciadas hondonadas y trayectos estrechos que cualquier otro que recuerde; he iniciado un viaje al vientre de la ballena. Y a diferencia de Jonás que exclamó a los asustadizos marineros de la atribulada embarcación que amenazaba con naufragar: “Tomadme y echadme al mar”, en mi caso fue por voluntad propia que decidí dar el salto rumbo al vientre de la ballena; un viaje de 9 meses, con sus días y su noches.  He iniciado el trayecto del ACP-el arte del coaching profesional;  un programa de formación y certificación de coaching ontológico con Julio Olalla (newfield network) a través de un proceso de aprendizaje transformacional p

El infinito en un junco

🟢 Versión comentada por el autor disponible en Spotify y Apple Podcasts El libro me lo había recomendado por primera vez, y hacía ya un par de meses, Manuel Aldrete . Solo le hice una pregunta, ¿es de los libros que se leen en papel o en electrónico? —En papel, definitivamente —me respondió sin mayor explicación. Poco después un par de personas mas me lo recomendaron. «Eventualmente lo leeré» pensé. En otro momento, lo hubiera comprado de forma inmediata sin pensarlo, pero mi torre de libros por leer estaba ya ganando una muy considerable altura. «No es como que el libro se vaya a desaparecer» fue mi razonamiento en aquel momento. Hace algunas semanas, durante nuestras vacaciones familiares en Ciudad de México decidimos pasar la mañana en Coyoacán, y mientras nos dirigíamos caminando a paso cansino al arbolado Jardín Centenario para comer en alguno de los restaurantes con terraza al aire libre de es plaza, pasamos junto a una librería Gandhi y mi hija Sofía me pidió comprarle un libr