Ir al contenido principal

La cultura organizacional no se trata de...

Hoy, que conversaba con un equipo de liderazgo, uno de los participantes hizo una observación que resumió de manera impecable el proceso de transformación cultural en el que están inmersos.

—La cultura organizacional no se trata "del ambiente que aquí respiramos", ni de lo que "hace la gente cuando nadie la ve". La cultura se trata del marco normativo que tenemos, de la forma en que lo hacemos valer, y en la convicción que las personas de este equipo tenemos de conseguir nuestros objetivos organizacionales y personales a partir de los comportamientos definidos y que están alineados precisamente a dicha normativa— compartió este ejecutivo

—¡Guau!— fue mi respuesta; e inmediatamente después le compartí una de las reflexiones de Jared Diamond, doctor por la Universidad de Cambridge y profesor de la UCLA, en su libro ganador del Pulitzer Armas, gérmenes y acero. Diamond, al final de su libro, se pregunta por qué algunas culturas nacionales han generado mayor riqueza y prosperidad que otras. Su respuesta es clara y por demás sencilla: porque son países que tienen un marco normativo mínimo, pero fuerte; y sobre todo porque sus leyes aplican a todos y se hacen cumplir.

¿Nos sorprende la conclusión del doctor Diamond? Estoy seguro que no. Entonces, ¿por qué seguimos dando a la cultura cierto halo místico y etéreo?

La cultura organizacional debe ser, y esta vez no lo dije yo, un marco normativo, la forma en que lo hacemos valer, y cómo nos sentimos las personas dentro de dicho marco.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Calavera a Rogelio (2018)

Tres vueltas se dio la muerte, a las nuevas oficinas Buscaba a Rogelio Segovia, para llevarlo a las ruinas Pero nunca lo encontraba, pues no buscó en la cocina A hornear pan se dedicaba, y no sospechó la catrina. Cuan por fin lo encontró,  la flaca alegre bailaba Rogelio siempre pensó, que a la calaca se le escapaba Pero esta vez le falló, o ¿no hizo bien la tirada? Su agenda la revisó, no está citada la condenada. Vengo a llevarte a la tumba, la huesuda le contaba Rogelio recurrió al viejo truco, se le ocurrió de volada Corramos el maratón, que será en Ensenada Si me ganas voy contigo, y ¡¡que gana la fregada!!. En su tumba nadie llora, ni su equipo de gerentes Puede ser que nadie sepa, que el tipo era  buena gente Aun que a veces se portaba, solo un poquito renuente Sobre todo en las juntas, donde El era el ponente. __________________ Epílogo.-   ¿Qué es una calavera? Las calaveras literarias son palabras populares en forma de rimas escritas de man

Observo, luego existo.

“Abre tus ojos y tu corazón a todas las inquietudes humanas, ninguna es ajena al coaching” Julio Olalla. He iniciado un viaje; no un viaje cualquiera. Este viaje no requiere de maletas, reservaciones o pasajes de avión; es más, ni siquiera es necesario tomar el carro para llegar a algún lado. Y sin embargo este viaje es más complejo, escarpado, con pronunciadas hondonadas y trayectos estrechos que cualquier otro que recuerde; he iniciado un viaje al vientre de la ballena. Y a diferencia de Jonás que exclamó a los asustadizos marineros de la atribulada embarcación que amenazaba con naufragar: “Tomadme y echadme al mar”, en mi caso fue por voluntad propia que decidí dar el salto rumbo al vientre de la ballena; un viaje de 9 meses, con sus días y su noches.  He iniciado el trayecto del ACP-el arte del coaching profesional;  un programa de formación y certificación de coaching ontológico con Julio Olalla (newfield network) a través de un proceso de aprendizaje transformacional p

El infinito en un junco

🟢 Versión comentada por el autor disponible en Spotify y Apple Podcasts El libro me lo había recomendado por primera vez, y hacía ya un par de meses, Manuel Aldrete . Solo le hice una pregunta, ¿es de los libros que se leen en papel o en electrónico? —En papel, definitivamente —me respondió sin mayor explicación. Poco después un par de personas mas me lo recomendaron. «Eventualmente lo leeré» pensé. En otro momento, lo hubiera comprado de forma inmediata sin pensarlo, pero mi torre de libros por leer estaba ya ganando una muy considerable altura. «No es como que el libro se vaya a desaparecer» fue mi razonamiento en aquel momento. Hace algunas semanas, durante nuestras vacaciones familiares en Ciudad de México decidimos pasar la mañana en Coyoacán, y mientras nos dirigíamos caminando a paso cansino al arbolado Jardín Centenario para comer en alguno de los restaurantes con terraza al aire libre de es plaza, pasamos junto a una librería Gandhi y mi hija Sofía me pidió comprarle un libr