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The Social Dilemma.

 

En 1998 Kathleen Kelly, la propietaria de una pequeña librería de Nueva York, ve peligrar el negocio que su madre le heredó cuando la cadena de grandes librerías de precios bajos FOX, dirigida por el antipático Joe Fox, decide instalar uno de sus grandes almacenes justo frente a su local. Lo que ambos desconocen es que mantienen una relación por correo electrónico.

Tienes un email, la película romántica noventera protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan es una de las primera películas en las que aparece el recurso dramático de internet, el correo electrónico y los foros (una combinación de blog y red social). Una época donde enamorarse por internet era extravagante e “internet era un lugar feliz, no una plataforma para destruir la civilización” (Sanguino, 2019). El atractivo de esta película fue la mezcla de algo tan viejo como el amor con algo tan nuevo como lo era internet en aquel entonces.

Veintidós años después, en medio de una crisis sanitaria mundial sin parangón para prácticamente cualquier ser humano vivo, en donde precisamente el uso de internet y sus derivados (redes sociales, mensajería instantánea, reuniones virtuales, etc.) han permitido sobrellevar (es un decir) esta época de conmoción, un apocalíptico y sobrestimado documental ficción irrumpe en el segundo semestre del año: «Tienes que ver The Social Dilemma, el nuevo documental de Netflix. Después de verla estoy seguro de que borrarás, al igual que yo, todas tus redes sociales»

No soy muy dado a ver este tipo de documentales-ficción, pero la curiosidad me ganó y me propuse ver el docuficción dirigido por Jeff Orlowski cuya premisa es retratar el daño que las redes sociales han causado a los individuos y en general a la sociedad.

Confieso que me costó mucho trabajo ver el documental, solo lo veía a ratos, y nunca más de veinte o treinta minutos. Creo que lo terminé en poco más de una semana. Mi conclusión: un trabajo sobrevalorado, medianamente interesante, poco propositivo y copia del libro Social Media is a Bullshit (Mendelson, 2012) 

Las premisas de The Social Dilemma (con las cuales coincido en lo general) son que las redes sociales son productos a través de los que se puede crear adicción, desinformar y polarizar;  el usuario (o sea, tú y yo) somos el producto;  la privacidad es un lujo del pasado, del cual ni siquiera somos conscientes que nos lo han arrebatado; nuestra libertad de elección ha muerto, ahora alguien mas decide por nosotros; y por supuesto, el villano (sin villano no hay historia)…  un ente cruel y ruin que bien a bien nadie conoce, pero al que todos llaman de forma familiar y hasta cariñosa “El Algoritmo”.

Impecables los argumentos de este docuficción (quién no podría estar en contra de todo ello), pero ¿son las redes sociales una bestia sin control? Es justo mencionar que las redes sociales no son las primeras (ni serán las últimas) “grandes tecnologías de su época” que fueron recibidas con escepticismo y hasta recelo. Durante la primer mitad del siglo XIX el académico y filósofo Dionysus Lardner aseguró que la gente no podría viajar en ferrocarril «porque los pasajeros, incapaces de respirar, morirían de asfixia». Poco tiempo después, en 1876, un congresista norteamericano aseguraba que los motores de combustión interna no debían ser autorizados, ya que son «de una naturaleza demasiado peligrosa para que encajen en ninguno de nuestros conceptos habituales». Qué decir del desdeñoso comentario con el que el suegro de Alexander Graham Bell se refirió al teléfono, «¡Bah! Solo es un juguete». Ni hablar del telégrafo, quizá antecesor de Twitter, al que la prestigiada revista inglesa The Spectator criticó diciendo «cabe pensar que la difusión constante de declaraciones en pequeños fragmentos acabará deteriorando la inteligencia de todos los que se sienten atraídos por el telégrafo» 

¿Realmente las redes sociales manipulan a las indefensas masas con noticias falsas?; y exactamente, ¿qué hacen los periódicos o cualquier medio noticioso?, o dicho de otra manera, ¿por qué sobre el mismo evento leo una “historia” distinta en cada periódico?

¿Hemos desatado a una bestia sin control?; ¿Es tal la fuerza persuasiva de las redes sociales, o solo se trata de un tipo de herramienta más para convencer acerca de una idea?

Por último, ¿es el instrumento o somos nosotros?

Epílogo.- ¿Mi inconformidad con The Social Dilemma? Más allá del simple «borren sus redes sociales», el documental no muestra los beneficios de estas herramientas, ni presenta o sugiere propuestas o conversaciones para regular y normar los evidentes excesos en que internet, como cualquier otro acto o invención humana, ha incurrido. O también empecemos por prohibir el ferrocarril, los motores de combustión interna (y por supuesto los eléctricos) y él teléfono. Es más, iniciemos por la imprenta.  

MI GRANITO DE ARENA: Este jueves 29, en Café, Notas y Conversaciones LIVE de HUMAN LEADER platicaré de esto con dos grandes conocedores del tema: Jesus Diaz e Iván Zavala.

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Rogelio Segovia es fundador de Human Leader Contacto: rogelio@humanleader.mx 

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