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¡Procrastinar es bueno!

Dejando a un lado lo complejo que puede ser pronunciar la palabra procrastinar, ésta de forma general ha sido asociada con la pereza o falta de responsabilidad, llegándola a calificar incluso como trastorno del comportamiento. De hecho, existen divertidos videos que te enseñan como deshacerte de la pereza y volverte una persona productiva. Y claro, en una sociedad del rendimiento, nos hemos convertido en sujetos del rendimiento (¡sé siempre productivo!; ¡exígete más!; ¡esto se trata de méritos!; ¡solamente hazlo!) donde el aplazar las cosas, o dejarlas de hacer, tiene una connotación negativa.

 

En esta sociedad del rendimiento “el hombre contemporáneo ha devenido en una fábrica de sí, hiperactiva, hiperneurótica, que agota cada día su propio ser diluyéndolo en un sin fin de actividades, a la postre, vacías de sentido” (Vázquez Roca, 2017), por lo tanto alguien que no esté agotado, fastidiado, y que no se sienta auto-explotado; no esta rindiendo y por lo tanto algo está procrastinando. Para escapar de la procrastinación, un pecado mortal en la era de la eficiencia, tenemos que ponernos en manos de supuestos expertos (El País, 2018), ¡a descansar al panteón!

 

Procrastinar, etimológicamente deriva del latín procrastināre, pro, adelante; y cras, mañana, es decir, dejar de hacer algo para mañana. Pero esta palabra también deriva del griego antiguo akrasia, que significa hacer algo en contra de nuestro mejor juicio (Lieberman,  2019), es decir, no necesariamente el procrastinar es algo voluntario.

 

En su libro Antifrágil, Taleb (2012) dedica un apartado que llamado elogio de la procrastinación (p. 161) donde menciona que no existe reconocimiento a alguien por la no-acción. Así como no suele ser recompensado el ejecutivo que evita una perdida, tampoco suele ser reconocido el médico que se abstiene de hacer un procedimiento innecesario. Este autor sostiene que quizá el ser humano solo tenga el instinto de procrastinar cuando no hay peligro para la vida y que la procrastinación es una defensa natural consistente en que las cosas sigan su curso y ejerzan su antifragilidad, es decir, que las cosas se beneficien del desorden, la incertidumbre y el caos; y se hagan mejor, mas competitivos y tras la crisis, salgan mejorados.

 

Espera, entonces ¿procrastinar no es malo? Todo indica que no, y por el contrario podemos considerar que procrastinar es bueno y que está íntimamente relacionado con nuestras emociones y no con la pereza; nos puede ayudar a aumentar la creatividad y por ende la productividad; al tiempo que nos ayuda a tomar mejores decisiones. De forma mas específica la procrastinación es la auto-conciencia que nos ayuda a cuidarnos, a darnos cuenta de lo que es malo y que incluso puede dañarnos. Detrás de este termino no se esconde un defecto de carácter, mas bien hay un regulador de emociones y un semáforo de alerta. La procrastinación es un asunto de emociones, no de productividad (Lieberman, 2019).

 

¿La cura?; Identifica las emociones y causas detrás la procrastinación. Asegúrate que no se trate solamente del sesgo del presente, es decir, posponer indefinidamente ciertas tareas porque tenemos beneficios inmediatos más placenteros. Pon manos a la obra, esto es, cambia de profesión, cambia de trabajo, sitúate en un ambiente donde no tengas que estar luchando constantemente contra el impulso de posponer las cosas.

 

Epílogo.- El hecho de que procrastinar no necesariamente sea malo, no significa dejar de ser conscientes que en su sombra nos puede hacer caer en la pereza o en el sesgo del presente. En ocasiones solo tenemos que hacer, lo que tenemos que hacer. A veces solo se trata de autodisciplina.

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Rogelio Segovia es fundador de Human Leader Contacto: rogelio@humanleader.mx

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