Ir al contenido principal

Cuándo y Cómo.


“Vivir en un mundo líquido del que se sabe que sólo admite una única certeza, la de que mañana no puede ser, no debe ser y no será como es hoy"
   Miedo líquido, de Zygmunt Bauman

Al parecer La Pregunta del Año, de este 2020, es ¿Cómo será el mundo después del coronavirus? Una pregunta secundaria, pero igual de relevante, deriva de la anterior: ¿Cuándo y cómo terminará esto?

Aún no lo sabemos, no tenemos respuesta para ninguna de las preguntas anteriores, y las respuestas de los expertos no son del todo claras. Lo cierto es que el saber cuándo y cómo no importa mucho. Salvo guardar las recomendaciones sanitarias de mantener un distanciamiento social, resguardar a las poblaciones vulnerables y recientemente el uso obligatorio del tapabocas, no hay nada más que podamos hacer al respecto.

Desde una perspectiva del cuidado de nuestras emociones, es importante saber qué es lo que podemos controlar, y qué no. Y de ahí enfocar nuestra energía en lo que está bajo nuestro control. Para Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, los eventos externos están fuera de nuestro control; por lo cual debemos aceptar con calma y serenidad lo que sucede a nuestro alrededor. ¿Se puede mantener un estado de calma y felicidad en estos momentos? Epicteto señaló que solo hay una manera de alcanzar la felicidad y es dejar de preocuparse por cosas que están más allá del poder o de nuestra voluntad.

Entonces, y aún sabiendo esto, ¿Por qué nos seguimos preocupando? Porque tenemos miedo. Miedo es como llamamos a nuestra incertidumbre, a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay que hacer para detenerla o combatirla, a algo que es abstracto, disperso e incalculable (Bauman, 2006), y que despierta, en palabras de Harari, nuestros demonios internos: el odio, la codicia y la ignorancia; lo que hace que culpemos a extranjeros y minorías y qué los negocios solo se preocupen por sus beneficios (Harari, abril 2020).

¿Entonces?... Entonces ¡Nada!; Empecemos a dejar de preocuparnos con lo que no controlamos. ¿Qué suena más fácil decirlo que llevarlo a cabo? Por supuesto, pero podemos empezar con pequeñas cosas:


  1. Confía. Este es un momento idóneo para el cultivo de todo tipo de teorías conspirativas, pero estas teorías malévolas de villanos indefinidos (o definidos) con mágicas panaceas no son mas  que imposturas, ¡no te distraigas con supercherías que solo exacerban sentimientos de miedo e impotencia! Confiemos en los expertos clínicos; no olvidemos que nos enfrentamos a algo totalmente nuevo.
  2. Acepta. ¿Es importante saber en todo momento cuántas personas están muriendo y cuántas se están infectando?; ¿cambia en algo mi situación? Aceptemos que estamos ante algo que no por mucho leer al respecto, o estar buscando novedades en redes y sitios noticiosos, nos dará algún tipo de control o solución. 
  3. Responzabilízate. Cada uno tenemos que responsabilizarnos de nosotros mismos; seguir las indicaciones de distanciamiento social, no bajar la guardia ni claudicar en esto. Cuidar nuestras emociones, encontrar un rutina, y aprender a descansar es esencial en estos momentos.
Epílogo.- ¿Cuándo y cómo terminará esto? No lo sé, no depende de mi, ni es algo que pueda remediar. Lo que sí puedo hacer es confiar, aceptar y responsabilizarme. Eso depende de mi, y en la medida que lo siga, ayudaré a que esto termine cuando deba terminar, pero de la mejor manera.

Nota al pie: “How you live affects how long you live. Most people could do better. Me among them” Paul Graham
_______

Contáctame: rogelio@humanleader.mx

Comentarios

Entradas populares de este blog

Calavera a Rogelio (2018)

Tres vueltas se dio la muerte, a las nuevas oficinas Buscaba a Rogelio Segovia, para llevarlo a las ruinas Pero nunca lo encontraba, pues no buscó en la cocina A hornear pan se dedicaba, y no sospechó la catrina. Cuan por fin lo encontró,  la flaca alegre bailaba Rogelio siempre pensó, que a la calaca se le escapaba Pero esta vez le falló, o ¿no hizo bien la tirada? Su agenda la revisó, no está citada la condenada. Vengo a llevarte a la tumba, la huesuda le contaba Rogelio recurrió al viejo truco, se le ocurrió de volada Corramos el maratón, que será en Ensenada Si me ganas voy contigo, y ¡¡que gana la fregada!!. En su tumba nadie llora, ni su equipo de gerentes Puede ser que nadie sepa, que el tipo era  buena gente Aun que a veces se portaba, solo un poquito renuente Sobre todo en las juntas, donde El era el ponente. __________________ Epílogo.-   ¿Qué es una calavera? Las calaveras literarias son palabras populares en forma de rimas escritas de man

Observo, luego existo.

“Abre tus ojos y tu corazón a todas las inquietudes humanas, ninguna es ajena al coaching” Julio Olalla. He iniciado un viaje; no un viaje cualquiera. Este viaje no requiere de maletas, reservaciones o pasajes de avión; es más, ni siquiera es necesario tomar el carro para llegar a algún lado. Y sin embargo este viaje es más complejo, escarpado, con pronunciadas hondonadas y trayectos estrechos que cualquier otro que recuerde; he iniciado un viaje al vientre de la ballena. Y a diferencia de Jonás que exclamó a los asustadizos marineros de la atribulada embarcación que amenazaba con naufragar: “Tomadme y echadme al mar”, en mi caso fue por voluntad propia que decidí dar el salto rumbo al vientre de la ballena; un viaje de 9 meses, con sus días y su noches.  He iniciado el trayecto del ACP-el arte del coaching profesional;  un programa de formación y certificación de coaching ontológico con Julio Olalla (newfield network) a través de un proceso de aprendizaje transformacional p

El infinito en un junco

🟢 Versión comentada por el autor disponible en Spotify y Apple Podcasts El libro me lo había recomendado por primera vez, y hacía ya un par de meses, Manuel Aldrete . Solo le hice una pregunta, ¿es de los libros que se leen en papel o en electrónico? —En papel, definitivamente —me respondió sin mayor explicación. Poco después un par de personas mas me lo recomendaron. «Eventualmente lo leeré» pensé. En otro momento, lo hubiera comprado de forma inmediata sin pensarlo, pero mi torre de libros por leer estaba ya ganando una muy considerable altura. «No es como que el libro se vaya a desaparecer» fue mi razonamiento en aquel momento. Hace algunas semanas, durante nuestras vacaciones familiares en Ciudad de México decidimos pasar la mañana en Coyoacán, y mientras nos dirigíamos caminando a paso cansino al arbolado Jardín Centenario para comer en alguno de los restaurantes con terraza al aire libre de es plaza, pasamos junto a una librería Gandhi y mi hija Sofía me pidió comprarle un libr